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>Revistas >Revista de la Facultad de Medicina UNAM >Año 2002, No. 4


Zamudio L
Riesgos del ejercicio de la medicina.
Rev Fac Med UNAM 2002; 45 (4)

Idioma: Español
Referencias bibliográficas:
Paginas: 161
Archivo PDF: 18.42 Kb.


Texto completo




FRAGMENTO

En el boletín del American College of Surgeons de marzo de 2002 (Vol. 87, No. 3, p. 9), apareció un artículo sobre lo que ha sido la vida de un cirujano que durante su residencia tuvo la desgracia de picarse y contraer hepatitis C que en aquel momento sólo se diagnosticó como no A, no B. Posteriormente y ya en pleno ejercicio profesional laboral tuvo que ausentarse por días o semanas debido a los malestares que la infección, ya hecha crónica, le ocasionaba. Fue tratado con interferón.
En el inter se casó y llegó a tener 4 hijos. Lo que llama la atención fue la persecución que sufrió, primero por los hospitales en los que ejercía y después por sus "colegas" que lo obligaron a que hiciera saber a todos los pacientes que él padecía una infección por virus de hepatitis C. Con eso, desde luego, disminuyó mucho su clientela al grado que tuvo que cerrar su consultorio y posteriormente conseguir trabajo de enseñanza, pero ya sin operar. Su vida ha sido un purgatorio en la tierra. Sólo faltó que lo obligaran a usar campanilla como los leprosos en la Edad Media.
Todo lo anterior me ha hecho reflexionar: en realidad no hay casos reportados de cirujanos infectando a pacientes aunque sí lo opuesto. Es muy difícil que un médico se atraviese un dedo y después pique al enfermo. Podría ser, no es imposible pero es poco probable. Este médico tampoco infectó al parecer a sus familiares durante la convivencia cotidiana. Ojalá el relato de este colega norteamericano que en el boletín se expone supuestamente en aras de la seguridad, no lleve a imitaciones en nuestro medio, tan propenso a copiar, y se margine a uno que otro colega por supuestos riesgos profesionales que los médicos representen para sus pacientes.
Si eso fuera así, el médico que tenga intolerancia a la leche y colon irritable deberá pues, informar a sus pacientes que puede tener escape de gases malolientes o la doctora que padezca dismenorrea deberá informar que algunos días andará de muy mal humor. ¿Es esto deseable? Viene a mi mente el caso de un ilustre médico, diría yo inclusive muy ilustre que, durante los primeros años de ejercicio, operando una enferma en el viejo Hospital Morelos donde se atendía a las prostitutas, se cortó y posteriormente tuvo en ese sitio un chancro sifilítico. El médico se trató con los medios antiluéticos existentes y sus reacciones llegaron a ser negativas.
Posteriormente escogió una especialidad no quirúrgica en donde ya decíamos llegó a ser primera figura en muchos aspectos médicos clínicos, de investigación y humanitarios. Se casó pero no tuvo hijos. Desarrolló con los años una neuroartropatía (Charcot) de cadera lo que lo hacía claudicar y usaba un zapato más alto que el otro. Su vida fue fecunda y nunca nadie pensó en pedirle que advirtiera a todos sus pacientes que había tenido aquel grave percance profesional. Lo que debemos pedir para el futuro son médicos con buen criterio y no lobos de sus propios colegas. No debemos vivir en el terror.


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