2026, Número 1
La primera herida que aprendimos a ignorar. El sistema de residencias médicas desde la vista del residente
Idioma: Español
Referencias bibliográficas: 4
Paginas: 52-55
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RESUMEN
El texto describe la crisis en el sistema de residencias médicas desde la perspectiva de un médico residente. Comienza con una experiencia personal que ilustra la dedicación y el agotamiento extremo, para luego revelar un problema sistémico: un entorno formativo tóxico que perjudica la salud mental de los futuros especialistas. Este problema se evidencia con la trágica historia del suicidio de una colega, un evento no aislado. Se presenta un "diagnóstico" respaldado por datos y estudios que confirman una alta prevalencia de depresión, burnout, ideas suicidas y acoso (mobbing) entre los residentes en diferentes países, incluyendo México. Las cifras demuestran que se trata de un problema real y generalizado, agravado por una cultura que glorifica el sufrimiento y el sacrificio. Como "tratamiento", el autor propone soluciones concretas centradas en tres pilares: 1) fomentar mentores verdaderos que guíen con el ejemplo y rompan el ciclo de maltrato; 2) normalizar y facilitar el acceso a la salud mental, eliminando el estigma; 3) reestructurar la carga laboral, proponiendo guardias menos frecuentes y condiciones que aseguren el descanso. El pronóstico de aplicar estos cambios sería la formación de médicos más realizados y competentes, lo que se traduciría en un sistema de salud más humano y con menos errores médicos. La conclusión es un llamado a honrar el juramento de "no hacer daño" extendiéndolo a los compañeros, para construir un legado positivo para las futuras generaciones.INTRODUCCIóN
Son las 4 de la mañana. En mis manos tengo todo lo que necesito para la guardia. Mi estetoscopio, para escuchar lo que, latido a latido, me confía el paciente. Todas las ganas de cuidar su vida y aprender de él. Es lo que la residencia me exige, después de 24 horas de vigilia en el hospital. Nos enseñan a sanar y cuidar de otros, pero lo hacen en un sistema que, irónicamente, a menudo nos enferma a nosotros.
Desde niño, mi sueño fue ser médico, como mi padre. Él siempre fue mi héroe, mi ejemplo a seguir. Gracias a Dios y a la vida, pude seguir su ejemplo y continuar hasta una subespecialidad.
Cuando estaba en la especialidad pude hacer una amiga. Ella era residente de anestesiología de último año, pero la carga de trabajo y un trato no adecuado la llevaron a, un fatídico día, terminar con su vida, como a otros residentes les ha pasado. Por esto, quisiera que leyeras mis palabras y te tomes un momento para reflexionar la situación actual del sistema académico de residencias médicas.
Por muchas razones, es necesario un ambiente sano y adecuado para curar nuestro sistema de formación de médicos residentes, ya que, como se menciona en diferentes estudios internacionales y nacionales, la incidencia de ansiedad, depresión, burnout e incluso suicidio no es nada despreciable en los médicos residentes.
EL DIAGNóSTICO QUE TODOS VEMOS,
Como si de una enfermedad se tratara, exploraremos y diagnosticaremos el sistema de enseñanza médica; palparemos la modalidad de enseñanza y auscultaremos los estertores de la toxicidad que viven los residentes, que por desgracia otros ya no pueden.
Todo este tiempo hemos vivido con la creencia de que el dolor nos dará merito, que se debe sufrir en la residencia, como si de un requisito de honor se tratase, donde la glorificación del sacrificio tiene consecuencias devastadoras.
Las consecuencias de este sistema tóxico han sido evidentes por muchos años y nadie hace nada para mejorar. La presión jerárquica basada en el miedo, más que en el respeto, oprime la curiosidad y la búsqueda de mejora del residente, y castiga y humilla el error.
Pero, como todo, si no hablamos desde la ciencia, evidencia y datos, sería sólo lo que pienso yo, así que mencionaremos algunos datos: un estudio en Shanghái documentó que 38% de los residentes padecían depresión y 12.8% tenían ideas suicidas.1
Un estudio en un hospital de tercer nivel en la ciudad de Puebla, México, mostró que 34.7% (n = 82) de los residentes presentaron síndrome de burnout. Las especialidades más afectadas fueron medicina interna (22%), cirugía general (20.7%) y anestesiología (12.2%). Los residentes de segundo año tuvieron mayor prevalencia (47.6%). El 88.6% de los afectados eran solteros. El 14.6% consumían medicamentos psiquiátricos.2
Un estudio en la Ciudad de México en un hospital de segundo nivel nos comparte lo siguiente: se estudiaron 101 médicos residentes con edad promedio de 29 años. El 12.9% cumplió criterios de síndrome de desgaste. La especialidad más afectada fue medicina familiar, con 53.8%, seguida de medicina de urgencias, con 38.5%. El eje más afectado fue el de desgaste profesional en residentes de segundo año, con 38.4%.3
Otro estudio realizado en un centro médico de referencia menciona los siguientes resultados: de los 349 participantes incluidos (edad media 28 años, rango 27-30), el 19.5% (IC95% 15.5-24.0) fueron identificados con terror psicológico. Además, 39% reportó a residentes de mayor grado como perpetradores de mobbing. Se encontró que las mujeres en residencias quirúrgicas en su segundo o quinto año experimentaron niveles más altos de mobbing. El acoso manifiesto, el estigma en el lugar de trabajo y las tareas inapropiadas fueron los dominios de mobbing más impactados. La ansiedad, la disminución de la calidad de vida, deterioro de la salud mental y un mayor grado de especialización médica fueron predictores independientes de mobbing.4
Podríamos seguir mencionando muchísimas cifras parecidas, internacionales o nacionales; no es un problema exclusivo de México. Lo importante es que no son porcentajes nada despreciables, por lo que concluimos, basado en la evidencia, que es un problema real y que se vive día a día.
Ya reconocido el problema, pasemos a hablar sobre las posibles soluciones.
EL TRATAMIENTO DE UNA VIEJA ENFERMEDAD:
FOMENTAR A VERDADEROS MENTORES
La primera regla de oro con la que podríamos mejorar es: ¡Sé el mentor que tú quisieras haber tenido! ¡Sé mejor! ¡No maltrates porque a ti te maltrataron! ¡Rompe esa cadena de violencia y odio que nos distancia como personas y compañeros!
La palabra convence, pero el ejemplo arrastra. Las palabras sobre cómo se deben realizar las cosas pueden ser embellecedoras, pero el verdadero mentor es quien comparte su experiencia, la cual es más significativa a través del ejemplo y no sólo desde la orden, aquel que ofrece retroalimentación constructiva y comparte sus conocimientos para guiar, motivar y empoderar al aprendiz.
FACILITAR Y NORMALIZAR EL ACCESO A LA SALUD MENTAL
La salud mental deteriorada impacta de manera negativa en el desempeño de los residentes médicos. Sabemos que los residentes tienen un índice considerable de ansiedad, depresión, burnout e incluso hasta suicidio, siendo este un problema viejo, pero muy ignorado. ¿Qué se ha hecho ante la pérdida de vidas de las personas que nos cuidan? La respuesta es clara: NADA. Por eso, el día de hoy, a través de mis palabras, a ti, que te tomaste el tiempo de leerme: ¡Cambia! ¡Sé mejor! ¡No alimentes ese demonio enorme que enferma nuestro sistema académico y –si no eres residente, adscrito o trabajador de la salud– apoya a tu amigo o amiga médico, ellos sonríen, pero a veces en el fondo necesitan ayuda!
Partiendo de un problema claro, ¿qué podemos hacer al respecto? Aparte de enfocarnos en ambientes saludables, es importante dejar de estigmatizar y aislar a las personas que necesitan ayuda psicológica y facilitarles el apoyo por medio de personal que pueda brindarles terapia y, de ser necesario, facilitar el acceso a un psiquiatra.
REESTRUCTURAR LA CARGA DE TRABAJO Y EL RIGOR
Un gran ejemplo sería partir de una pregunta: ¿A ti te gustaría que un médico que lleva 36 horas sin dormir cuide la vida de tu madre? Y mi respuesta sería: ¡Claro que no! Como mejor vigilante, investigador y cuidador de la salud, no tendrá su mejor desempeño en esas condiciones.
Se sabe con certeza que un trabajador que no tiene salud mental no es productivo ni efectivo; entonces entramos en una paradoja: ¿cómo alguien que está enfermo cuida de alguien que también padece una enfermedad?
En resumen, ¿qué cambios podrían mejorar nuestro ambiente académico?
CREAR UN SISTEMA DONDE LAS GUARDIAS SEAN UNA VEZ A LA SEMANA
Contar con un sistema de mentorías reales donde se reconozca al mejor mentor (ya sea un residente de mayor jerarquía o un adscrito) y se obtenga algún refuerzo positivo como un día de descanso al mes.
Crear un ambiente laboral donde la atención psicológica se obtenga de manera sencilla y, si el residente lo decide, que sea de manera discreta para evitar el estigma social.
Fomentar el apoyo académico institucional a través de plataformas médicas, revistas electrónicas y cursos sobre inteligencia emocional y resiliencia.
Facilitar el cambio de sede si el residente vive en un ambiente no apropiado para el desarrollo profesional.
PRONóSTICO:
Como en toda enfermedad, nos interesa el pronóstico; éste dependerá del tratamiento empleado, como si de un cáncer se tratara. Creo firmemente que los buenos somos más, los que queremos avanzar y mejorar somos más, porque México no es el mismo de antes ni tampoco lo es su gente. Si todos ponemos un granito de arena en este tratamiento, tendremos un cambio en el sistema educativo de residencias, lo que nos llevará a un mejor sistema de salud para todas las personas que son atendidas en él.
Nos acercamos así a una interrogante muy importante: ¿Por qué queremos un sistema académico saludable? La respuesta es llamativa, ya que no sólo tendremos médicos más competentes, sino también más completos, lo que deriva en la reducción del error médico y en una atención más humana y efectiva hacia los pacientes.
A largo plazo, un ambiente sano permite formar médicos con ímpetu y liderazgo, fomentando la curiosidad y la innovación. Debemos formar médicos con pasión por cuidar y defender la vida. Quién sabe, tal vez hoy estás formando al médico que mañana salvará tu propia vida o la de un familiar tuyo.
CONCLUSIóN:
Para los médicos, al ser humanos, la toma de decisiones no sólo depende de su conocimiento, sino también de poder pensar con claridad y empatía. Sin embargo, en ocasiones estas cualidades están erosionadas por un sistema que jura cuidar la vida de quienes amamos. De estas decisiones depende la vida de personas que son hijos, hermanos, padres y abuelos. De ahí la importancia de cuidar a los médicos residentes.
Un día, después de terminar la carrera de medicina, hicimos un juramento, cuyo principio fundamental es no hacer daño. Entonces, ¿por qué sólo lo mantenemos en nuestros pacientes? ¿Por qué no, a partir de ahora, lo extendemos a nuestros compañeros de igual o menor jerarquía?
Estamos en el camino para mejorar el sistema académico y, con ello, el sistema de salud. Tenemos la oportunidad de hacer historia y crear un cambio que disfruten y recuerden las siguientes generaciones de médicos especialistas en formación, como nosotros recordamos el histórico movimiento de residentes de 1965 que comenzó en el emblemático Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, el cual nos dio derechos, respeto y voz ante la sociedad mexicana.
REFERENCIAS (EN ESTE ARTÍCULO)
Enriquez-Estrada VM, Antonio-Villa NE, Bello-Chavolla OY, Cuevas-García CF, Vargas-Gutiérrez PL, Noriega ISC, et al. Assessment of psychological terror and its impact on mental health and quality of life in medical residents at a reference medical center in Mexico: a cross-sectional study. PLoS One. 2023;18(12):e0295138.
AFILIACIONES
1 Residente de Cardiología Clínica. Hospital Regional Veracruz ISSSTE. Veracruz, México.
CORRESPONDENCIA
Dr. José Iván Balderas Santoyo. E-mail: drivanbalderas@gmail.comRecibido: 30-04-2025. Aceptado: 21-10-2025.